Familiarizándonos

Terracitas primaverales

Si el otro día les contábamos del paseo más turístico de Berlín, hoy vamos a hablarles de uno bien diferente. Si al otro lo llamamos “turisteando”, a éste lo vamos a bautizar “familiarizándonos”. Eso mismo es lo que fue: un primer acercamiento a un Berlín más familiar. No faltaron ni los turistas, ni los hipsters, ni los perroflautas, pero todo en menor medida.

Nos adentramos en un soleadísimo Kreuzberg en búsqueda de la bendita bici, y salimos habiendo conocido las dos, tres caras del barrio. La puramente turca alrededor del Kottbuser Tor, con sus edificios en bloque y antenas parabólicas apuntando al lejano país del sur, sus tiendas con nombres turcos, y todo lo que hace falta para sentirse como en casa, es decir en Estambul.

Mercadito en el Maybachufer

Seguimos caminando y llegamos a otro canal del Spree, donde cruzando un puente, como por arte de magia (¿o será del dinero?), Kreuzberg cambia totalmente. De Turquía volvimos a una Alemania sumamente familiar. Jóvenes parejas con sus bebés, hijitos, hijos, hijotes, para todos los gustos. Caminando, en bici con sus remolques para niños, corriendo con los cochecitos por delante. El sábado sin duda es el día oficial para pasear a los niños. Para no desentonar, dan ganas de ponerse a la obra ahí mismo…

Luego, al lado del canal, en el Maybachufer, nos encontramos con un mercadito de artesanías y otras cositas (éste lugar los martes y viernes aloja al mercado turco de alimentación, especialidades gastronómicas y telas). No compramos nada (Ana ésta vez tampoco insistió con anillos o collares), pero no pudimos resistirnos ante unas coxinhas de gallina que vendía una brasileña en su puestito. Y para cuando descubrimos a la cubana, ya estábamos satisfechos. Es poco, está escondido, pero el trópico está y éso es lo que importa.

Pescando cervecitas

Contentos seguimos rumbo, y ahí fue cuando la curiosidad y el gran día primaveral, nos llevó a seguir el canal hasta donde desemboca en el río. Y seguimos sumando kilómetros.

Vimos más familias, terracitas llenas, jóvenes y no tan jóvenes jugando (según Ana) a las “bolas criollas”,  al ping pong, paseando perros, tomando sol y cerveza, “patineteros”, bicicletas, los sauces llorones, en fin, idílico. El cielo de algunos debe ser así.

Ya cuando no pedíamos más, llegamos al río. Y nos encontramos con bares flotantes, y un área que a primera vista parece una fábrica abandonada, pero alberga, si señores, una pista de roller derby y a una piscina & sauna flotante en pleno río. Todo esto lo iremos repasando lo antes posible, una vez que lo veamos de cerca.

El camino de regreso no desentonó. Comimos mexicano (habrá post aparte), y descubrimos una cara más de Kreuzberg: algo así como la calle Argumosa de acá. Un bar al lado del otro, y bueno, turco por acá y allá.

En fin, una vez más un gran paseo en una gran ciudad con grandes perspectivas para la primera y verano. Y si esto es sólo el comienzo en pleno invierno, como será el resto…

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