De bici-estreno a la montaña.

Mercadito

Y finalmente, luego de tanto sufrimiento, llegó el “bautizo” de las bicis. Nos tocó un día horrible: frío, viento y amenazas de lluvia, pero por suerte no cayó el agua bendita. Un bautizo en seco, si incluso el sol salió a homenajearnos. Aunque ya saben, nosotros como buenos berlineses que somos, llueva o truene, ahí estaremos al pie de la bici.

Pero para que ir tan rápido, empecemos con la previa. Volvimos a ver un tutorial de Youtube para ajustar los frenos, tuvimos que bajarlas 5 pisos (y asustar a un vecino que no se imaginaba que iban a salir dos bicis del ascensor) y llegar a la tienda de bicis para abusar nuevamente de las herramientas (porque las que habíamos comprado no servían para el ajuste final).

Esperando un juguito

Una vez hecho todo esto y dejar mis suaves manos de oficinista convertidas en un campo de batalla multicolor, llegó la decisión más difícil: ¿a dónde ir el día del estreno? Las diferencias creativas rápidamente nos hicieron repasar los lugares en los que ya habíamos estado, y optamos por el que nos faltaba (de los grandes barrios del centro del ex Berlín Oriental): Prenzlauer Berg . Traducido significa la “montaña de Prenzlau”, y exactamente así sentimos el ascenso a éste temido macizo de 91 m. Más bien habrá sido el viento en contra o la falta de práctica, pero para que mentirles, costó y bastante. Y no fueron las bicis que están muy bien, sino nosotros.
Prenzlauer Berg es hoy un barrio gentrificado de jóvenes familias “bien” pero cuenta con un largo historial. Precisamente en ésta parte de Berlín, es donde nació mi padre. Aunque el  edificio dónde él naciera fuera destruido en la guerra (la calle, cambiada de nombre, y el número del edificio siguen existiendo), ésta parte de Berlín sufrió relativamente poco en la guerra comparada con otras, hay muchos edificios de principios de siglo (reformados, hay dinero en el barrio). Para los interesados, acá tienen el cuento completo.

Prenzlauer Berg

Volviendo a lo nuestro, el agotador viaje de ida, nos obligó a hacer un alto. Ana había preparado un picnic que, en un momento de sol, disfrutamos en ésta plaza. Al rato encontramos el mercadito de los gözleme , que todas las semanas está en el Kollwitzplatz y acorde al barrio ofrece delicias gastronómicas y varias. Gracias al picnic, lo consumido fue mínimo.

Dimos más vueltas a pie y en bici por el barrio teniendo yo que escuchar (o mejor dicho, calar) cada 5 minutos lo bonito que era todo, y que éste era el barrio elegido para el futuro. Pero ya veremos, yo ya tengo otro favorito.

 

Barrio familiar

Contentos y cansados, luego de una excursión mínima (no se compara con las que solemos hacer… un día en Madrid que teníamos ganas de dar una vuelta de pronto nos dimos cuenta que habíamos hecho el “anillo verde ciclista” de 65 km), pero más que digna para el primer día.

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