… que se llama Tempelhofer Park.

Con esto de descubrir ciudad nueva, íbamos ya por las seis semanas sin pisar aeropuerto. Notábamos los primeros síntomas de abstención. Y ya saben, no es bueno aguantarse los antojos.

Aviones, prohibido el paso

Así que ahí fuimos: al aeropuerto de Tempelhof. Pero no para tomarnos un avión, sino para descubrir un nuevo parque.

Cerrado en octubre del 2008 para vuelos comerciales, desde ese entonces se fue usando para fines varios como feria de moda, eventos deportivos y protestas. Desde el año pasado es un enorme parque con acceso gratuito y además, en medio de la ciudad.

Si de algo no se puede quejar este aeropuerto, es de haber tenido una vida aburrida: durante mucho tiempo fue el mayor edificio del mundo (hoy le gana el Pentágono y el Parlamento de Bucarest), protagonista durante el Puente Aéreo de Berlín, candidato a montaña (somos muy fans de ésta idea) y ahora un área verde multiuso.

Cortesía de Grün Berlin: Despegando

Bien, repasito histórico de lado, volvamos al presente. Nos tocó un día de más nubes que sol, pero no por eso los Berlineses se iban a quedar en casa. Poco a poco, pasado el mediodía, el parque se fue llenando.

Algunos directamente a una de las dos áreas de parrillas. Están claramente delimitadas, pero incluso así son sumamente populares, dado que son muy pocas las zonas en Berlín donde se permiten las parrilladas en los parques; cada uno se lleva la suya, y se pueden ver desde la más simple e improvisada hasta unas que se parecen a hornos industriales. Otros van a hacer picnic, a correr, a pasear en bici, a jugar al tennis, baseball (cuando pasamos, el idioma oficial era el venezolano), fútbol, a hacer kite skating, levantar barriletes y cometas. Otros no pierden el tiempo, y se aparcan en el Biergarten (el “jardín de la cerveza”).

Cortesía de Grün Berlin: Un picnic diferente

Todo muy bonito, pero verdad que hasta ahí nada que no hubiésemos visto antes, lo especial es que todo esto sucede en el lugar donde hasta hace poco despegaban los aviones: las pistas de aterrizaje y despegue, las zonas verdes entre las pistas y la terminal (que no está abierta al público salvo visitas guiadas, o eventos). La verdad que nos quedamos encantados de tener un parque más (y no uno cualquiera) a tan sólo 5 km de casa. A Ana sobre todo le gustó el ambiente familiar, o como en realidad dijo: “que no vinieran los de la mondonguera” (en alusión al típico ordinario que lleva a la playa su olla mondonguera).

Para redondear las impresiones, les dejamos un mini-video de la actividad en la pista principal, mientras hacíamos el picnic: http://www.youtube.com/watch?v=dW3QeSjTtoQ

Ubícalo en tu Tropimapa: Tempelhofer Park

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