Los primeros 50 días (o la mini-boda de oro)

Anarquía turística

Y finalmente llegó, nuestra mini-boda de oro: 50 días en Berlín. Aunque lo nuestro es de recién casados, disfrutando la luna de miel. Tan enamorados como el primer día. Y ahora que la ciudad se empieza a mostrar de su lado más lindo y primaveral, es imposible no quererla cada día más.

Para festejar, me tomé el día libre. Mientras Berlín trabaja, yo descanso según el calendario laboral madrileño. Nada mal. Estoy en un banco del otro lado del río, mirando hacia el Schlosspark y la Catedral, disfrutando del grandioso clima (Ana se quedó en casa viendo una y otra vez el partido y los festejos, cosa que está bien, una vez que les toca festejar algo…),  y lo que veo me hace pensar que no soy el único que no trabaja hoy. El barrio está colapsado con turistas y en el río hay mas barcos que agua, (la M-30 a las 8 de la mañana de un lunes no está tan llena). Empecé a contarlos, pero cuando llegué a los 50, en homenaje al día, paré. Hay barquitos, barcotes, yates, con rueda al estilo de los del Missisippi, con restaurant, de dos pisos, de un piso, y todos llenos. Los bautizaron Summerwind,  Spreelady, Spreekrone (la corona del Spree), Spreeblick (mirada al Spree), Sunshine, Poseidon. A parte de los nombres tan originales, tienen en común, que sus pasajeros están con una cervecita en la mano… como no, yo haría lo mismo, pero con una cervezota.

El espia que surgió del frío (y donde mejor leído que en Berlín)

Los turistas fotografían la Torre de TV (que está detrás mío) y a la Catedral. Me asombra que no me saquen fotos a mí, porque cada tanto, cuando hay algo de viento, los arboles detrás mío hacen llover  sus flores y en ese momento, soy toda una princesa de Disney llena de pétalos rosas.

Bien, mientras sacan las fotos, escuchan “A su izquierda (o derecha dependiendo hacia que lado vaya al barco) tienen el Schlossplatz… en éste lugar se encontraba…”, obviamente después de un rato acá, ya me lo sé de memoria, recién hasta me observé repitiéndolo en voz alta… así que cuando quieran, ya estoy homologado como guía, al menos en éste punto.

Normalmente el Schlosspark, como buen parque del palacio que es, contagia buena educación, y por ende es muy limpio, muy verde y si no fuera por los ciclistas que hacen caso omiso a la prohibición de circular sobre las bicis (obviamente, hacemos lo mismos), es una estampa de la Alemania civilizada. Pero hoy, que veo, un partidito de fútbol que ocupa medio parque. Será que en un rato llegan las primeras parrillas, las familias turcas,  y el Pueblo se hace con el Palacio? Lástima que ya no haya más nada que conquistar. Al Palacio ya lo volaron dos veces, pero si todo sale bien, dentro de 5 años habrá Palacio para conquistar!

Hasta acá llegué, son las 12.40, y como buen alemán que soy, ya tengo hambre. Hoy toca almuerzo especial… pero eso luego.

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One Response to Los primeros 50 días (o la mini-boda de oro)

  1. boris says:

    Anangela no lo dejes salir solo otra vez se nos vuelve picha el muchacho

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