El Nikolaiviertel (o el barrio del gigante)

No es fácil llegar a una ciudad como Berlín, y tener ganas de quedarse un fin de semana en casa. Uno siente la  presión (bastante agradable por cierto) de tener que salir y descubrir, y si además por email sigue el bombardeo desde Buenos Aires, no se imaginan. Para éstos días además me temía lo peor, y así fue: floreció la bendita “flor cadáver”.

¿Eligiéndo el almuerzo?

Y casi casi lo dejamos todo para salir corriendo al jardín botánico. Eso, si el sábado (que por pura gula salimos a comer pollo coreano) no nos hubiésemos mojado tanto… y para que mentirles, las nubes negras sobre nuestra casa nos “acojonaron” un poco (si, si, muy poco alemán lo nuestro). Bien, entre eso y las ganas de quedarnos en casa, buscamos un compromiso: no salir del barrio. Y ahí está, del otro lado del río, la atracción más cercana: el Nikolaiviertel. Acá comenzó todo hace más de 700 años, y hoy, luego de una amplia reconstrucción, es uno de los lugares más turísticos de la ciudad. Su cercanía al Dom y a la torre de televisión, lo hace una visita fácil, pero además, tiene su encanto de pueblito alemán. Ahí está su iglesia, sus callecitas adoquinadas, sus restaurantes de madera oscura y sus cervecerías. Sí, está hecho para el turista, pero eso no le quita cierto encanto. Decidimos volver una vez más, pero ésta vez entrar a alguno de sus edificios. Empezamos por la Nikolaikirche (iglesia de Nikolai), la primera de la ciudad y reconvertida en museo (EUR 5 de entrada). Interesante visita, no sólo para ver la iglesia como tal, sino también leer y leer sobre el barrio y su historia. Pero claro, todo quedó eclipsado cuando entró el gigante del barrio y el órgano sonando de fondo… no sabemos que fue a hacer a la iglesia, caminó de punta a punta y volvió a salir. Sin duda una imagen muy impresionante.

¿Quién quiere Sülze?

De ahí, luego de quedarnos parados un buen rato con todos los chicos viendo al enorme personaje, entramos a la Knoblauchhaus, la casa burguesa más vieja aún conservada en Berlín. Simpático y gratuito recorrido (la casa también reconvertida museo), pero ya para ése entonces teníamos hambre. Para variar. Así que como no podía ser de otra forma, terminamos la mini-excursión comiendo: nos quedamos en el barrio y fuimos al restaurante “Zum Nussbaum” a pocos metros de la iglesia. El lugar da lo que el turista viene a buscar: comida berlinesa y alemana, cerveza y un típico restaurancito acogedor y oscuro. Junto con “Zur Rippe” y “Zur letzten Instanz” es de los últimos locales típicos de Berlín Centro. Ana comió sopa de lentejas y Sülze con remoulade y papas (la Sülze merece una entrada a parte ya que acá se dividen las aguas: para algunos es delicioso, y para otros, sobre todo debido a su aspecto, incomible). Berliner Weisse de frambuesa (aunque según Ana ella dijo “grün” – verde pero le trajeron “rot” – rojo… sólo el tiempo dirá si son capaces de entenderla) y cerveza para mí redondearon el almuerzo. Por ser tan turística la zona, los precios razonables. Pagamos unos EUR 20 por ésta comida.

El barrio tiene varias cositas más, como el Museo de Zille y el Ephraimpalais, así que es recomendable éste clásico paseíto, sobre todo si están como turistas o bien como guías paseando a los visitantes.

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