Estambul (o como despertarse a las 4.30 de la madrugada sin despertador)

La Hagia Sofia y el vendedor de mazorcas

Hace rato que teníamos apuntada Estambul como unas de las ciudades que sin falta queríamos conocer, por su historia, por su contraste de modernidad y religión, su comida. Al tener en Berlín una pequeña Turquía a la vuelta de casa, un poco se nos pasó el entusiasmo, pero luego decidimos que teníamos que ir a buscar la versión original. Todo lo que habíamos visto en Kreuzberg fue sin duda un buen adelanto…

Yo terminé con mi curso de alemán y Thomas se tomó unos días libres: en total nos permitió estar 4 noches y 4 días completos en Estambul. No bastó para conocerla por completo pero sí para darnos una muy buena idea. No tuvimos tiempo de planificar el viaje, así que tuvimos que confiar plenamente en las guías compradas (y fue la primera y última vez que así lo hacemos, más sobre esto abajo). Al guía Thomas al menos le dio tiempo para elegir un hotel con vista al Mar de Mármara y en pleno Sultanahmet.Éste es uno de los barrios más antiguo de Estambul y también el más turístico. En pocos metros se encuentran las grandes atracciones de la ciudad (como la Hagia Sophia, la Mezquita Azul y el Palacio de Topkapi).

En frente del hotel también teníamos una mezquita, no de las más famosas, pero probablemente de las más ruidosas… preciosa la vista y si no molesta la llamada al rezo (ni más ni menos que cinco veces al día) es un barrio ideal para quedarse. Eso sí, recuerden dormir con la ventana cerrada porque la primera llamada al rezo es a las 4:30 de la madrugada. El imán de “nuestra” mezquita se mostraba especialmente entusiasta cada vez que convocaba al rezo, además nos pareció que sus llamadas duraban más que las de otras mezquitas y que los parlantes de “su” mezquita eran más grandes que otros. En fin, lo bueno de Estambul es que se puede entrar a todas ¿o casi todas? las mezquitas (cosa que en Marruecos y en la India no fue así) y así aprender un poco más del Islam. Como se imaginarán, las mujeres tienen que entrar bien tapadas: a la mezquita azul yo entré con una falda por debajo de la rodilla, pero para un guardia no fue suficiente, y me hizo volver a la entrada a buscar un velo con que taparme las piernas (en la entrada, suelen tener un montón de velos esperando los turistas). Lo raro fue que cuando entré, una de las chicas encargadas de revisar la buena conducta me dijo que estaba bien así y que mi falda cumplía con el largo adecuado. Parece ser que la modernidad no es cosa de todos.

Nos llevamos la guía “Encounter” de Lonely Planet que en nuestra opinión no recomendamos para Estambul (muy breve y además recomienda lugares que supuestamente están llenos de “lugareños”, pero que cuando nosotros fuimos, estaban vacíos). Dicha guía nos advertía que los vendedores y empleados de los restaurantes podían ser muy molestos en los barrios turísticos, pero nos dimos cuenta que la escritora no había ido a la India ni a Marruecos, porque a nosotros nos parecieron muy tranquilos en comparación y hasta algunos podían ser graciosos con sus frases de “marketing” barato. Cuando pasábamos, nos encontramos con frases como “yes, please” frase simple y poco efectiva, otra bastante mejor (pero igual de inefectiva con nosotros) que escuchamos en el Gran Bazar como “You want to be my costumer?” (¿quieres ser mi cliente?) y otras menos graciosas como “Excuse me, you’ve dropped something” (Disculpe se le cayó algo). Yo he superado el estrés con este tipo de cosas y opto por hacerme la que no escucha nada y la que no entiende, Thomas en eso es más amable y responde lo aprendido en la India, el clásico “Maybe tomorrow”(Quizás mañana).

Un paseo en barco por el Bósforo es fundamental en este viaje y da una idea de lo grande que es Estambul. También nos quedó claro que les gusta el fútbol: Fenerbahce había salido campeón hace poco, y toda la ciudad estaba llena de banderas amarillas y azules.

Y por último otro de los barrios que visitamos Beyoğlu, donde nos asombró la cantidad de gente que puede caminar por su larga calle comercial Istiklal Caddesi, la cantidad de bares y restaurantes que hay hasta en los puentes. Los restaurantes están uno al lado del otro y separados según el estilo que se busque (los turísticos, los tradicionales, de comida rápida, los que ofrecen música en vivo y los del pueblo). Nosotros encontramos mejores lugarcitos (autóctonos y de precio aceptable) que los recomendados en la guía. Eso sí, cuidado con los precios: impresiona lo cara que puede ser la ciudad en comparación con Europa (un Kebab en Berlín es más barato que en Estambul) y sobre todo su relación calidad precio en las comidas y bebidas. Sin duda, estamos mal acostumbrados en Berlín.

Una amiga nos dijo que Estambul iba ser el nuevo Berlín ¿será porque vio muchos alemanes allí o muchos turcos berlineses que se están volviendo a Estambul? Creemos que en cuanto a fiesta y gente disfrutando los domingos en la calle hasta tarde, gana Estambul, pero en relación calidad precio de la comida y tiendas creativas de diseño de buen gusto (por ejemplo, en lo que a souvenirs y ropa se refiere) todavía le queda y bastante, ahí gana claramente la vieja Berlín.

Es un viaje totalmente recomendado (con los bolsillos llenos), les dejamos unas fotitos para que se entusiasmen.

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