El Café Chagall vende desayunotes – por Visitante #3

Desde que empezaron a llegarnos visitantes sueño con éste momento: publicar un artículo que no sea ni mío ni de Ana. Hoy finalmente es el gran día. Es el primer texto que nos envía uno de nuestros visitantes y espero que no sea el último. Es cierto que el visitante #3 (Jorge) lo meditó larga y detenidamente, pero finalmente éste es su aporte a nuestra popular sección “Conozco un lugarcito”. Sin más, y sin modificaciones de la redacción (sólo un comentario al final del texto), con ustedes, el Café Chagall como lo vio el visitante #3:

“En nuestro penúltimo día de vivir la experiencia tropical en Berlín (entra la música de “Vereda tropical” justo en este momento) el objetivo de la mañana era visitar al menos uno de los museos en la “isla de los museos” (llamada así por obvias razones). El que encabezaba la lista era el Parmenon (¹) y hacia allá nos dirigimos.

Después de 4 días ya conocíamos la ruta y estábamos más ubicados (¿o debería decir, menos perdidos?) además de contar con toda una serie de guías y mapas cedidos por nuestros amables anfitriones por lo que el llegar a la isla fue bastante sencillo y dentro de los tiempos estimados -de continuar así, tal vez y sólo tal vez podríamos lograr visitar todo lo que queríamos en el día y, por qué no, en el viaje.

Animados por éste pensamiento y nuestras reavivadas habilidades de scouts decidimos dar una vuelta por algunos teatros cerca de la Universidad Humboldt y de paso buscar un lugar donde desayunar(actividad que, por alguna razón, no habíamos considerado en la agenda del día). Como la mayoría de las veces, tratamos de alejarnos de los lugares que parecieran demasiado “para turistas” lo cual, en este caso, probó ser sumamente complicado estando en una de las zonas que más afluencia de viajeros tienen.

Caminamos por varias calles, cada vez más lejos, huyendo de los grupos de japoneses con cámara, gringos diciendo “oh my gosh” (casi a la misma velocidad que los anteriores tomaban fotos), anexos y similares. No me lo tomen a mal, no es que me caigan mal los turistas, es sólo que no me gusta comer donde comen ni cuando yo soy uno de “ellos” y por definición corro el riesgo de caer en alguno de los estereotipos. Pero esta no es una reflexión sobre lo que significa ser turista sino la crónica de desayuno (que no tiene nada que ver con la película) así que continuaré.

Pasó lo que comúnmente pasa cuando buscas algo: lo encuentras en el primer lugar en que pensabas que estaría pero que, por ser tan obvio, es el último lugar en que buscas; y es así como terminamos en el Café Chagall a solo un par de calles del Parmenon (¹). El lugar, decorado de forma muy acogedora, tiene una carta variada y sirven desayunos, comidas, cenas y por las noches funciona como bar.

Como desayunar no estaba en nuestros planes decidimos pedir algo “simple y rápido” y el desayuno continental parecía ser la mejor opción. Aunque la carta estaba en alemán podía entenderse que era el desayuno continental que se sirve por todo el mundo:

  • Pan
  • Mermelada
  • Café o té
  • Fruta

Las chicas que atienden me lo confirmaron, en inglés, con una gran sonrisa; sonrisa que yo interpreté como parte de la muy buena atención que nos encontramos en todos los lugares que visitamos… ahora que lo pienso, tal vez nos atendían bien “a secas” y el vivir en Barcelona ha hecho que uno interprete una sonrisa de los camareros como si fuera la panacea del buen servicio.

Antes de marcharse nos preguntó si queríamos el café regular o grande lo cual tomé como con el equivalente español a “corto” o “largo” (doble).

En minutos pude darme cuenta de que mi asunción era incorrecta y que, tal vez, la sonrisa de la chica tenía no sólo buen servicio sino un poco de sorna también. Una sonrisa que decía “otro más que cae”: ¡el desayuno era ENORME!

  • El pan consistía en dos piezas de pan bastante grandes.
  • Montones de mermelada y bloques (¡si! ¡en plural!) de mantequilla
  • El café era del tamaño de un tazón de cereal.
  • La fruta, variada, y tal vez la única de tamaño “normal”.

He de aclarar que no me estoy quejando sino mas bien expresando mi sorpresa. La cual se mantuvo a la llegada de la cuenta (sonrisa de la chica incluida quien seguramente esperaba mi reacción y no la defraudé). ¡Tan solo 13,50€ por dos desayunos que nos dejaron más que satisfechos!

Así que ya lo saben, cuando vayan a la isla de los museos (parada obligatoria en Berlín) vayan con hambre y dense una vuelta por el Café Chagall.

Datos de trivia:

Al escribir este post necesitaba encontrar la dirección del café por lo que fui a la página web impresa en el ticket. Curiosamente, no existe.Buscar “Café Chagall Berlín” en Google da dos resultados. Este post se refiere al que está en la Georgenstr., pero las fotos correctas son las que pusieron en el de Kollwitzstr.… de esas cosas con las que pueden asombrar a sus amigos y charlar/ligar en fiestas.”

Notas de la Redacción:

1. Cuando el visitante #3 se refiere al Parmenon, habla del Pergamon. Fueron varios e infructuosos los intentos de enseñarle el nombre correcto… ;-)

Ubícalo en tu Tropimapa: Georgenstr. 4, 10117 Berlin

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