El museo de la Charité: una visita sólo para estómagos fuertes

Clásico ejemplo de uno de esos lugares que siempre quedan pendientes para otro día. Hablo del museo de la Charité (el gran hospital universitario de la ciudad) o mejor llamémoslo por su nombre completo: el Museo de Historia Médica de Berlín. En éste caso esperamos tanto que casi nos lo cierran antes de decidirnos: últimamente había estado en la prensa precisamente porque la Charité está pensando en “deshacerse” del museo y concentrar recursos en otras áreas. Aunque ahora que lo pienso bien no fue el único motivo por el cual salió en los diarios. Hace pocos días el museo devolvió a Namibia varios cráneos humanos de las tribus de los Herero & Nama que eran expuestos en la gran colección del museo, habían sido traídos a Berlín cuando Alemania todavía era un Imperio.

Bien, con todo éste trasfondo pensamos que era ahora o nunca. Pagamos los € 6 de entrada por persona (para variar en efectivo – tampoco éste lugar acepta tarjetas) y empezamos a recorrer sus varios pisos. Muy interesante leer los relatos de la historia del hospital creado para albergar enfermos de la peste (que al final nunca llegó a Berlín) y también ver como era la medicina en los siglos pasados. Pero claro, lo mejor y también lo que todo el mundo recordará es la enorme colección de Rudolf Virchow: toda una sala llena de las más diversas patologías conservadas en frascos enormes. Estaba prohibido tomar fotos y ésta vez (salvo una foto inofensiva que saqué, la de arriba) fuimos educados y acatamos la prohibición. El que quiera echarle un vistazo a dichos fráscos, en Google Images encuentra unas cuantas fotos, les dejo el link. Ana hizo el recorrido completo y yo también, pero no me asombraría que no todos lleguen hasta el final. La verdad que se ven cosas desagradables (por decirlo de forma diplomática), pero realmente interesantes. A parte del frasco suele haber una explicación completa del funcionamiento correcto del órgano en cuestión e incluso para el que no sabe nada de medicina resulta claro el panorama. Ésta colección (que llegó a las 26.000 unidades antes de la Segunda Guerra y como todo en Berlín fue destruída casi por completo) es la gran atracción.

Un atractivo adicional en la visita al museo, es ver por donde transcurría el Muro: justo entre la zona donde hoy está el Hauptbahnhof y precisamente donde está la Charité. Dentro del edificio hay fotos históricas de la zona que no había visto anteriormente. Increíble como cada partecita de la ciudad tiene su “propia” historia con el Muro.

Bien, al museo yo definitivamente lo considero como uno de los más originales de la ciudad y al que éste tipo de cosas no le causen impresión, que vaya y lo vea, y que aproveche pronto porque mucho más tiempo no parecer quedar.

Ubícalo en tu Tropimapa: Charitéplatz 1, 10117 Berlin

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