Mi Alemán Tropical: La prueba oficial en un día de locos

Este fue el mensajito de apoyo de Thomas

Este fue el mensajito de apoyo de Thomas

Ayer presenté la prueba oficial del nivel B1 (intermedio) y admito que fue la mañana más larga que he tenido en Berlín. La primera parte de la prueba duró desde las 8:30 – 11:30 (escuchar, leer y escribir) y a las 12:40 me tocó la segunda parte que era el examen oral.

Cuando llegué al centro donde era la prueba había ya unas 50 personas esperando para entrar y en total según el listado que vi unas 150 personas presentamos la prueba ese mismo día. Nos repartieron en grupos de 10 en salones diferentes, en mi salón coincidí con 2 personas de mi curso: mi compañera de Pakistán y una Búlgara-Turca pero ninguna de las dos me tocaron como compañeras en la prueba oral.

Para variar tuve dudas en la parte de escuchar, algunas cosas no me quedaron muy claras y no me quedó otra que optar por el “De ti marin de do pingue cucara maca títere fue, saliste tu y quedaste tú”… el resto de la prueba no fue tan difícil y muy similar a la que hicimos en clase, pero claro, segura del resultado no estoy, no estudié como se debía. Si me hubiese aprendido todos los verbos con su pasado y participio, hubiese hecho un “Stammtisch” (“la mesa de los habituales”) de intercambio de idioma y además hablado todos los días en alemán para aprender nuevo vocabulario, estoy segura que la prueba hubiese sido muy fácil. Todo éso, no lo hice pero nunca es tarde para empezar.

Unos minutos antes de la prueba oral conocí a la chica que iba a entrar conmigo, no la conocía pero inmediatamente nos pusimos hablar como para tantear el nivel de alemán de las dos. Era de Sri Lanka y estaba acompañada por una amiga de Vietnam, las dos fueron tan simpáticas que inmediatamente hicimos buena conexión. Entramos a la prueba más tranquilas y aunque ninguna de las dos teníamos buen nivel de alemán, por lo menos nos defendimos. Ella lleva 1 año en Alemania, está casada desde hace 2 años con un alemán y por su apariencia y personalidad calculo que tenía mi edad. Eran tan simpática la chica que cuando salimos de la prueba me abrazó como diciendo ya salimos de esto. Comentamos que las 2 evaluadoras que nos tocaron fueron muy simpáticas y hablamos de vernos otro día. Entre las pruebas me encontré con compañeros del curso y nadie dijo como le había ido, habrá sido por prudencia o por seguir la tradición China (que todos aprendimos en clase) de que es mala suerte hablar antes de tener los resultados. Bueno, las dudas tendrán que esperar hasta enero, recién ahí darán los resultados y aunque sé que tengo que repasar muchas cosas de lo aprendido, espero al menos haber pasado la prueba.

El resto del día fue de locos, habrá sido por la larga mañana o porque la prueba me quitó las pocas energías que tenía. Thomas me fue a buscar al sitio (muy cerca del KaDeWe), dimos unas vueltas por las tiendas para pasar el estrés de la prueba y hacer algunas compritas navideñas. Lo primero que me pasó fue que por despistada, casi me llevó un pantalón de una tienda sin pagar y todo por no darme cuenta que me lo había puesto en el brazo y seguir a Thomas que estaba saliendo de la tienda. Fue tanto mi despiste que cuando sonó la alarma del sitio mi cara fue de “que le pasa a esta tienda sino compré nada” y cuando me dí cuenta que tenía el pantalón en el brazo casi me da un infarto (y a Thomas también). Menos mal que en la tienda ni se dieron por enterados y nadie salió a detenerme porque sino hubiera sido la vergüenza del año. Luego al cruzar una calle (fuera del cruce de peatones), a una señora que estaba en su carro esperando en el semáforo rojo, se le dio por retroceder a toda velocidad y casi nos lleva a los dos, yo no me di cuenta hasta que la vi a pocos centímetros y será por el mega grito que pegué que no nos atropelló. Por ultimo y lo que hizo que decidiéramos que era hora de resguardarnos en casa temprano, fue ver como a un hombre casi lo atropellan en dos ocasiones y ¡en la misma calle! El hombre con lentes de sol, cruzaba la calle peor que nosotros y se salvó que no se lo llevara primero unos chicos que, como dirían en España, estaban haciendo el tonto con su carro deportivo y manejaban a toda velocidad. Y la segunda ocasión fue, al darse vuelta después de haberle dicho algo a los chicos y dedicado unos bailecitos, le esperaba un autobús que le frenó justo en su cara. Lo que más me sorprendió fue que esta vez grité en alemán y con toda naturalidad “¡Vorsicht!” (¡Cuidado!) porque en otros momentos me salía siempre primero en español. ¿Me estaré Alemanizando? Yo creo que no, pero después de casi 9 meses y 111 clases de alemán, tampoco me extrañaría.

Ahora lo más importante es que por un largo rato voy a descansar de tanta gramática y el lunes, aunque siga con las clases, comienzo con algo mucho más interesante: la historia de Alemania (visita a museos incluida).

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