Me dieron el asiento por primera vez en el tren

Aviso en el metro en Madrid

Ayer fui al curso y como iba algo más tarde de lo normal, me eecontré con el tren super lleno. Una vez que entré y no vi ningún asiento libre decidí quedarme parada al lado de una chica, esperando que se diera cuenta de mi estado y me cediera el asiento. Después de verme la barriga, mirar al costado derecho, mirar al costa izquierdo, finalmente… sigo sin creerlo… ¡me dio el asiento! El trayecto al curso es de solo tres estaciones, pero realmente agradezco ir sentada esos minutos. En el metro en Madrid hay asientos que tienen avisos reservados para ancianos, personas con problemas de movilidad y embarazadas pero en Berlín la verdad o no está, está escondido o simplemente no he visto el de embarazada. Lo buscaré bien para poder señalarselo al distraído de turno. Pero claro, se agradece que exista gente que sin verse obligada, me lo de. En fin, algo que haríamos todos, ¡¿no!?

Ahora sí que me siento muy embarazada y ahora que el tiempo en Berlín va mejorando (este fin de semana dicen que harán 27 grados… como dirían en mi país, tu juras…) ya no tengo que usar chaqueta y exhibiré mi panza para hacer bien obvio mi estado.

Dicen que la gente en Berlín va muy en su mundo y que pocos ayudan, yo la verdad hasta ahora no me he encontrado con esa parte de Berlín o de los alemanes. Todo lo contrario hasta una vez me sorprendí porque una chica en la calle me vió tratando de abrir mi botella de agua y no sé si por mi cara de sufrimiento, se dio cuenta que no podía y se detuvo  para ofrecerme ayuda y no sólo eso, terminó abriéndome la botella. Estos pequeños-grandes gestos dicen mucho de las personas y espero que no cambie mi suerte.

Una cosa que sí no entenderé de la gente que usa el tren en Berlín (o al menos en la estación que yo uso, Tiergarten) es que no usan el ascensor. Tampoco cuando realmente lo necesitan. Todos los días veo, desde el ascensor, claro, yo sí que lo uso, como sube la gente cargando bicis y maletas por las escaleras y yo muy tranquila disfrutando el ascensor para mí sola. De hecho, hasta llegó a darme remordimiento (por dos segundos) de usarlo. Será que va algo más lento el ascensor o que está en la otra punta, pero lo que ganan en tiempo lo pierden en dolores de espalda.  Ya sé, debe ser la costumbre de subir las escaleras en sus edificios. Yo aprovecho y le agradezco a todos que me dejen el ascensor libre y que sean tan sanos y deportistas. No me lo congestionen, que ahora sí lo necesito :).

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