Baumblütenfest Werder (Havel): vino de fruta para todos

Ayer tan-memorable-28-de-Abril-de-30-grados resultó casi una responabilidad elegir el programa correcto. Teníamos varias opciones: ir al Tiergarten a poner el grill a escondidas, meter un pie en el Wannsee para comprobar si el agua fría sigue estando tan fría o más fría que el año pasado o porque no, irse de paseo al campo.

Optamos por la última alternativa y nos fuimos a Werder (Havel). En este pueblito cerca de Potsdam hay una pequeña gran fiesta llamada Baumblütenfest (algo así como la fiesta de la floración de los arboles – dicho sea de paso: tremenda esa manía alemana de juntar palabras y ojo porque Baumblütenfest es fácil de pronunciar…). Compramos el diario y algo para desayunar y pensamos disfrutar de un viaje tranquilo y ver el paisaje por la ventana, pero no, cuando llegó el tren sólo con suerte pudimos entrar: estaba llenísimo, todo el mundo había decidido hacer lo mismo. Le encontramos a Ana un lugarcito en una de las escaleras y unos 40 minutos luego llegamos al pueblo.

Era temprano cuando nos bajamos del tren, apenas las 11 hrs, pero se notaba ya que iba a ser un día intenso y de dinerito extra para los vecinos: todo el que tuviera una más mínima visión empresarial abría su jardín o entrada a su casa para vender vino de fruta casero, poner mesas y sillas para que la gente descansara y consumiera más, había chicos tocando música por moneditas. Mal no le debe haber ido a esta gente, porque casi sin haber salido de la estación, algunos, de hecho unos cuantos, se abalanzaron sobre los primeros puestitos para comprar botellas de litro de vino de fruta (por lo general vendido en todo el pueblo a €6 / litro y €1,50-2 / vaso). El vino, por cierto, tenía sabor a jugo/zumo de fruta con alcohol, no estaba mal, pero le faltaba unos grados menos o algún hielito en el vaso para tomarse mejor. Luego de probar unos cuantos, decidimos seguir con cerveza fría (con y sin alcohol…).

Las 7-8 horas que estuvimos en el pueblo las pasamos caminando mucho, subiendo escalones (para acceder de la zona baja del pueblo a un paseo panorámico donde están todos los jardines floreados hay que subir 182 escalones – no los conté, había un cartel que lo decía) y luego recuperandonos tirados en nuestra mantita de picnic y como no, comiendo y tomando. Ah, y otra de las actividades del día fue mirar a la gente: parece ser que la juventud entera de los pueblos de alrededor de Berlín decidieron irse de fiesta a Werder y bueno, ya saben que la forma de vestir de éstos especímenes es un tanto especial, por momentos no sólo pareció una excursión al campo, sino también un viaje en el tiempo, de regreso a finales de los 80, principios de los 90… emocionante y aterrador a la vez. Y por cierto, el ambiente es puramente alemán, nada de turistas y ni rastro del ambiente internacional de Berlín.

Resumiendo: el pueblito es precioso, da al río Havel y su parte histórica está ubicada en una pequeña islita, la verdad que, cuando no esté colapsado por miles y miles de visitantes, debe ser un lugar tranquilísimo. Y cuando está invadido por las hordas Barbaras es un simpático lugar para irse de fiesta (al menos una vez en la vida).

Para los que se animen a hacer esta pequeña pero intensa excursión, la fiesta sigue hasta el Domingo 6 de Mayo.

Ubícalo en tu Tropimapa: Werder (Havel)

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