Y de sorpresa… ¡llegó nuestro alemán-tropical!

Gracias, Charité.

¡Y llegó nuestro alemáncito-tropical! Sí, así sin dar muchas vueltas voy directo a lo más importante. Y en realidad así fue su nacimiento: breve, pero intenso. Desde el 2 de Agosto somos tres (o mejor dicho cinco, con mis padres en casa somos toda una familia numerosa). Y hoy con bastante más calma y bastante más sueño, les cuento como fue.

Iba por la semana 37 de embarazo y en uno de los últimos chequeos de rutina, el ginecólogo me dice que ya no cree que el bebé se de vuelta (venía de nalgas lo que en alemán se llama Beckenendlage) y que por eso mismo habláramos con los del hospital para ver juntos los pasos a seguir. Como el bebé ya estaba formado, yo ya me temía que todo apuntara a parto por cesárea… bueno, cuestión que el mismo día fuimos al hospital y la doctora nos dio dos opciones: 1.) que intentáramos darle la vuelta (método llamado versión cefálica externa, en alemán: äußere Wendung) para que tome la posición correcta para parto vaginal o la opción, claro 2.) cesárea (Kaiserschnitt).

Yo desde que quedé embarazada, he escuchado buenas experiencias de partos vaginales (vaginale Entbindung) en Alemania y a diferencia de mi país o mejor dicho de buena parte de Latinoamérica, en Europa apoyan y fomentan más los partos vaginales. Cuando me reunía con el grupo de mamis hispanoparlantes, las latinas que tuvieron a sus hijos en Europa por parto vaginal comentaban como sus amigas en Latinoamérica las veían a ellas como locas-valientes por haber hecho eso.

Así que luego de muchos comentarios positivos sobre el parto vaginal, mi entusiasmo para que naciera de forma natural aumentó y hasta hice mil y una posiciones y ejercicios que me recomendó la matrona del curso de preparación al parto o como estás que encontró mi hermana por internet con la esperanza de que el bebé se diera vuelta sólo, pero evidentemente hasta la semana 37 no habían funcionado mucho. Como no perdíamos nada, decidimos que haríamos éste último intento para darlo vuelta y nos dieron cita en nuestro hospital elegido, el Charité Virchow Klinikum, para el día siguiente a las 10 de la mañana. Si todo iba bien el bebé se daba la vuelta y sí había alguna complicación tocaba cesárea.

Ese día llegué a casa abrumada por la situación y por todo lo que iba (o mejor dicho podía) pasar al día siguiente. Revisé con mi madre la maleta del hospital porque si las cosas no salían bien, tenía que estar lista para la cesárea y quedarme unos días en el hospital. La sensación esa tarde noche fue rara pero a la vez positiva porque teníamos esperanza de que se diera la vuelta. Y como si ésto fuera poco, ese mismo día también estaba pendiente de mi mejor amiga (la misma que no quería parto vaginal) porque le estaban induciendo el parto (estaba en la semana 41 y su niña no quería salir), llevaba desde la mañana con el parto tanto y sin novedades, así que me fui a la cama a media noche y todavía no había nacido su niña. Antes de cerrar los ojos le dije a Thomas que le explicáramos al bebé lo que iba a pasar al día siguiente, pero parece ser que el bebé no estuvo del todo de acuerdo con el programa del día siguiente.

Me fui a dormir super cansada tanto mental- como físicamente (visita médico, visita al hospital y para redondear el día visita de amigos en casa), así que esperaba dormir profundamente y estar lista para el día siguiente. Pero de éso, nada de nada. De repente a las 0.30 (apenas estaba media hora en la cama), rompí fuente (Blasensprung) – es decir, casi 3 semanas antes de la fecha estimada para el parto. Y eso que yo estaba tan preparada, hasta me había comprado un test casero para identificar si el líquido que botaba era líquido amniótico y cuando me pasó, no necesité el test ni nada, sentí clarito que no era orina, sino la señal de salir corriendo. Lo desperté a Thomas a los gritos quien llamó inmediatamente a la ambulancia. Por suerte la ayuda llegó a los 5 minutos (tenemos un puesto de bomberos / emergencia a unos 100 m de casa y las sirenas que se escuchan ocasionalmente… fueron todas perdonadas y olvidadas por la rápida asistencia que recibimos ésa noche).

Thomas estaba dormido profundamente (se había tomando unas cuantas cervezas con nuestros amigos) y mi madre, como no era de esperar otra cosa, con tal cara de tragedia que era yo quien la calmaba y no al revés. Los que sí estaban muy tranquilos eran los bomberos (o más bien bomberitos, eran todos muy jóvenes), tanto que terminaron de contagiar su tranquilidad a Thomas y a mí (a mi madre no había nada que la pudiera tranquilizarla) y sin darnos cuenta ya estábamos rumbo al hospital en la ambulancia (sólo Thomas y yo… porque por nuestro propio bien, a mi madre no la dejaron subirse y tuvo que quedarse en casa).

En el camino al hospital sentí la primera contracción y unas vez allí me dieron unas cuatro más. Estuve a punto de llorar (pero no lo insulté a Thomas como había pensado – realmente debo decir que se portó de maravillas, muy tranquilo todo el tiempo y relajándome/consolándome como podía) pero seguro que no fue nada comparado con lo que habrá sentido mi amiga que hasta vomitó del dolor (ni me quiero imaginar la situación…. yo casi me desmayé con esas 4 contracciones). Al llegar al hospital inmediatamente me metieron en una salita para monitoriar el corazón del bebé y vigilar mis contracciones y al cabo de media hora llegó el médico para explicarnos las opciones de parto. Otra vez nos ofrecieron darle la vuelta y esperar más contracciones para que pueda nacer de forma natural (con más riesgo para el bebé que para mí) o cesárea (más riesgo para mí que para el bebé). La verdad que escuchando las opciones, riesgos y los dolores de las 4 contracciones no lo pensamos mucho y nos decidimos por la cesárea. Una vez dicho eso, prepararon todo y apenas una hora después de romper fuente, ya estaba lista para la operación. En ese momento realmente agradecí mis conocimientos de alemán porque con tanta gente en el quirofano (cirujano, médico, anestesista, comadrona… menos Thomas que tenía que esperar fuera hasta que empezara la operación) que preguntan cosas un nivel medio es importante entender y hacerte entender. Obviamente pasé algún que otro apuro, pero en general, una vez más, estuve orgullosa de haber manejado en alemán una situación tan estresante (probablemente la más estresante de todas).

Thomas se cambió (parecía un médico más) y entró para la operación y mientrás los dos hablabamos de cualquier cosa esperando el gran momento, ¡en menos que canta un gallo, nos dieron a nuestro alemancito-tropical! Nos los enseñaron unos segundos y se lo llevaron un momentito para hacer un primer chequeo. Yo me solté a llorar cuando lo escuché llorar a él y a a los pocos minutos se lo entregaron a Thomas en los brazos como paquetito envuelto. Nació a las 3:04 de la madrugada, es decir sólo hora y media después de haber llamado a la ambulancia. Realmente fue rapidísimo  y comparado con el día y medio que pasó mi amiga (y tantas otras mujeres que conozco) la verdad que no nos podemos quejar.

Por cierto, para evitar la total locura de mi madre (mi padre estaba también nervioso, pero a su manera, porque seguía durmiendo), Thomas reportó dos veces vía teléfono y una vez que ya estaba en la sala de recuperación llegó mi madre (luego de que Thomas le llamara un taxi y la rescatara cuando se perdió en el hospital) y claro, estaba feliz de ver a su hija y nieto y sorprendida a la vez de que ya estuviera con nosotros. Yo todavía no podía creer todo lo que había pasado y una vez más, lo rápido que fue todo. Unas horas atrás estábamos en la terraza de casa tomándo unas cervezas (yo sin alcohol) y al rato ya eramos padres. Como cambia todo en tan poco tiempo. Y, como no podía ser de otra forma, nos tocó una noche casi tropical, no recuerdo exactamente la temperatura, pero al menos hacían 23-24 grados o esa era al menos la sensación térmica (y claro, al día siguiente tocó mega-tormenta).

La atención en el hospital Charité Virchow Klinikum fue excelente, mis padres todavía están sorprendidos gratamente de todo lo que han visto y lamentan que en Venezuela no se pueda tener algo así o por lo menos la cuarta parte de lo que vieron. Según ellos, ni la mejor clínica privada en Venezuela es como este hospital en Berlín. El seguro médico lo que cubre es una habitación compartida (con otra madre) pero también dan la opción, pagando extra (EUR 65 / noche) de una habitación familiar donde el esposo-padre o en mi caso también mi madre, se pueden quedar a pasar la noche – comida incluida, con menú a elegir (la comida mejorable, pero bueno, la comida de hospital siempre fue y será un poco especial…). Nosotros optamos por ésta habitación familiar porque al haber sido parto cesárea, me tenía que quedar 4 días y la verdad que prefería estar tranquila y además tener compañía. Tuvimos que esperar hasta al día siguiente para tener ésta habitación porque estaban todas ocupadas (solo tienen 6 habitaciones familiares) y la verdad que ya estaba un poco loca: mi compañera de cuarto roncaba como gorila y entre los llantos de ambos bebés la verdad no se podía descansar para nada.

Pese a haber vivido el estrés de las primeras horas y días de madre primeriza sin dominar el idioma, la verdad que puedo decir que me fue muy bien, entendí a todos, el bebé se pego del pecho desde el primer día, la leche me bajó al tercero y las enfermeras, algunas muy berlinesas, me ayudaron con todas mis dudas. Había llevado en la maleta batas, ropa interior, toallas sanitarias, disco absorbentes para el pecho y no tuve que utilizar nada de todo ésto porque el hospital me dió absolutamente todo, también la ropa del bebé y hasta nos regalaron el saco de dormir (Schlafsack) que usó el bebé como uniforme esos días😉.  De regalito de despedida, el hospital nos dió una postal con una foto del bebé hecha por fotógrafo profesional (aquí la ven en la galería del hospital) y solo hay que pagar unos 2 Euros por el envío.

No sé como serán los otros hospitales pero según mi experiencia en éste, lo recomiendo totalmente. Sigo apoyando el parto natural (para el segundo, tercero, cuarto, quinto… aunque a Thomas le de un infarto de sólo pensar en los próximos…) pero tampoco me puedo quejar de mi experiencia con la cesárea. Que cosas tiene la vida yo que quería parto natural me tocó cesárea y mi amiga que quería cesárea le tocó parto natural. Su bebé se atrasó y el mío se adelantó y los dos nacieron el mismo día, al final incluso, por diferencia de unas pocas horas mi niño nació primero…😉

Al día de hoy ya pasaron dos semanas de haber nacido mi alemancito-tropical y escribo éstas líneas con él en mis brazos, acostumbrándonos los tres a nuestra nueva vida y tengo que decir que nos va muy bien🙂.

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